Bajo el estado de emergencia climática: crónica sobre las movilizaciones sociales durante la COP21 en París

Por: Amaranta Herrero. Publicado en la Revista Opcions

Llegué a París la tercera semana de noviembre, para participar en las movilizaciones por la justicia climática que tendrían lugar de forma paralela a la celebración de la Convención de Naciones Unidas por el Cambio Climático (lo que se conoce por COP21), entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre del 2015. Yo, como mucha otra gente, estoy absolutamente convencida de que el cambio climático es el reto más grande al que se enfrentan las sociedades contemporáneas. Como muchas otras personas, llegué a París con mucho escepticismo en relación a las negociaciones oficiales -históricamente demasiado lentas, flojas e injustas. Estaba más interesada en participar de un movimiento global por la justicia climática que articulara colectivamente las exigencias mínimas para asegurar un futuro habitable y justo y, a la vez, sirviera como plataforma para hacer red, intercambiar experiencias, información y tácticas con individuos y grupos de todo el planeta que estuviera trabajando temas entrelazados con el cambio climático. En concreto, yo participé a través de una radio digital –Radio del Antropoceno– con la que se quería dar visiblidad a todo lo que la sociedad civil estaba organizando alrededor de la COP21.

París tenía una excusa para silenciar la lucha

Lo cierto es que el contexto socio-político en el que se desarrollaba la COP21 era especialmente difícil. El movimiento por la justicia climática se articulaba a través de Coalition Climat21, una coalición que agrupaba más de 130 organizaciones de la sociedad civil; desde sindicatos, grupos internacionalistas, ONGs ambientalistas o en defensa de los derechos humanos, hasta otros movimientos sociales más autónomos. Las movilizaciones por la justicia climática pivotaron alrededor de dos días fuertes: una gran manifestación el 29 de noviembre y un día de desobediencia civil masiva, el 12 de diciembre. De hecho, hubo activistas que se habían instalado en París tres meses antes de la COP21 para organizar y coordinar éstas y otras acciones. Sin embargo, a mitad de noviembre, los terribles atentados en París y la extensión del estado de excepción por parte del gobierno francés, cambió de forma determinante el curso y el tono de estos acontecimientos y movilizaciones. De un día para otro, a tan solo dos semanas antes del inicio de la COP21, hubo que modificar los planes que tanto habían costado de consensuar dentro del movimiento por la justicia climática porque el hecho de que hubiesen dos personas llevando un mensaje político en el espacio público había pasado a ser considerado ilegal. París se había convertido en una ciudad policial y las protestas estaban prohibidas alegando riesgo de más atentados terroristas contra grandes aglomeraciones humanas. Curiosamente, los partidos de fútbol y los mercados de Navidad se seguían permitiendo. Se trataba de un contexto de carácter totalitario extremadamente incierto en donde la protesta climática sufría una gran criminalización por parte del gobierno francés. De hecho, pocos días antes del inicio de la COP21, el gobierno francés puso a 24 personas bajo arresto domiciliario, de forma preventiva, por estar relacionados con el movimiento por la justicia climática.

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Representantes de pueblos indígenas protestando en París

El 29 de noviembre, el día anterior al inicio oficial de la COP21, lo empecé participando en una emotiva ceremonia indígena de sanación frente a la sala de fiestas Bataclan, uno de los lugares en donde hubo más víctimas debido a los recientes ataques terroristas en París. Hablando desde la posición de comunidades que están históricamente muy familiarizadas con la tragedia y las injusticias sociales (y que están también muy activas en la lucha contra el extractivismo), los pueblos indígenas de las Américas y del Pacífico ofrecieron canciones, plegarias y discursos a todas las víctimas, tanto a las de los ataques de París, como a las del cambio climático. De hecho, el movimiento por la justicia climática, muy acertadamente, también había conseguido enmarcar el debate sobre el estado de excepción en el contexto del Estado de Emergencia Climática en el que nos encontramos. La gran manifestación prevista para ese día tuvo lugar en muchos lugares del mundo pero en París, debido al estado de excepción, se convirtió en una gran cadena humana y en una congregación de zapatos vacíos en la Place de la République que evocaba los miles de manifestantes que debían haber llenado las calles de la capital francesa aquel día. Más tarde, las cargas policiales y las detenciones de unos 200 activistas y periodistas que habían quedado atrapados durante horas en République acaparó la atención de los medios de comunicación de masas. Una compañera de Radio del Antropoceno que estuvo retenida en la plaza por la policía durante varias horas nos fue relatando la represión policial y lo que fue viviendo durante aquellas horas.

Movilizaciones por tantas cosas ¡y tan cercanas!

Las dos semanas siguientes fueron intensas, repletas de actividades y acciones. A continuación relato algunas (pocas) de ellas:

  • Asistí a La Gaîté Lyrique para escuchar un recital de Kathy Jetnil-Kijiner, una maravillosa poetisa de las Islas Marshall –unas islas-estado del Pacífico que están desapareciendo por la subida del nivel del mar, consecuencia del cambio climático-, que combina arte y activismo en sus poderosos poemas. Si entendéis el inglés, os recomiendo encarecidamente escuchar el emotivo poema que recitó ante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, en septiembre de 2014.
  • Aquella semana, también asistí a la presentación de The Leap Manifesto, un plan para transitar hacia a una economía libre de combustibles fósiles para mediados de este siglo, elaborado por una coalición sin precedentes de autoras (entre ellas, Naomi Klein), artistas, sindicatos y activistas. Iniciado en el contexto de las últimas elecciones estatales canadienses, y con proyección internacional, el cambio climático se presenta, en el Leap Manifesto, no solo como una crisis existencial para las sociedades humanas, sino como una pieza fundamental para articular las políticas económicas y sociales, así como una oportunidad –o, mejor dicho, un imperativo- para construir un sistema económico y político más justo.
  • Además, durante el primer fin de semana de diciembre tuvo lugar El Pueblo de las Alternativas, que era la reproducción de un microcosmos de las alternativas ecológicas y justas a la crisis climática que tomó todas las calles y algunos edificios del emblemático barrio de Montreuil. El barrio se dividió por áreas temáticas: agricultura y alimentación; clima y energía; educación; movilidad; fabricación, reparación y residuo cero; medios de comunicación; economía solidaria, trabajo compartido y finanzas responsables; bienes comunes, biodiversidad y agua; consumo consciente; derechos, solidaridades y migraciones, y hábitat.
  • Dentro del marco de actividades de aquel fin de semana, formé parte, junto a representantes de instituciones municipales – como Augusto Barrera, ex-alcalde de Quito, y Gustavo Petro, el alcalde saliente de Bogotá, entre otros- de Transición ecológica y Derecho a la Ciudad, una mesa redonda donde se debatió sobre los retos de las ciudades ante el cambio climático, organizado por la Coalición Internacional del Hábitat y la Comisión de Inclusión Social, Democracia Participativa y Derechos Humanos de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU). De hecho, esta misma entidad había organizado el mismo día por la mañana una reunión de alcaldes de muchas ciudades del mundo, incluidas Barcelona y Madrid, para hablar de cambio climático, en Saint-Denis. A esta reunión asistí como público y pude ver y escuchar a Ada Colau, Manuela Carmena y Gerardo Pisarello hablando, por primera vez y, a mi parecer, demasiado tímidamente, de este tema tan importante que, sin lugar a dudas, debería ocupar una mayor centralidad en las políticas municipales de ambas ciudades.
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El grupo Brandalism colocó 600 posters falsos, diseñados por 80 artistas de 19 países diferentes, por todo París para visibilizar los vínculos entre la propaganda de las grandes empresas y el consumo, el cambio climático y el uso de los combustibles fósiles
  • También durante aquellas dos semanas, desafiando el estado de excepción y el despliegue policial por toda la ciudad, tuvieron lugar una multiplicidad de acciones políticas sobre cambio climático de diferente índole, sobre todo fuera del centro de conferencias. Los focos de estas acciones fueron el sistema agroalimentario, la cooptación corporativa de las negociaciones de París (usando el arte urbano como táctica comunicativa), la movilidad, los derechos de los pueblos indígenas, los refugiados climáticos, la influencia de los lobbies de las industrias más contaminantes y la exclusión de las voces disidentes a SolutionsCOP21 (el acontecimiento de lavado verde corporativo más grande vinculado a la COP21), el importante rol de los bancos en la financiación del cambio climático, o la ampliación del aeropuerto de Notre-Dame-Des-Landes, en Nantes (Francia), por nombrar solo algunos pocos.
  • Algunas de estas acciones se articularon a través de Climate Games, una novedosa herramienta de apoyo para acciones creativas de desobediencia civil. Yo participé en Oil out of culture (el petróleo, fuera de la cultura), una acción que tuvo lugar fuera y dentro del museo Louvre, que denunciaba los vínculos entre la cultura y la industria del petróleo, y exigía que el museo rechazara el patrocinio (y lo que se conoce en inglés como artwash, que vendría a ser como “lavado de imagen a través del arte”) de la petrolera francesa Total. Dentro del museo arrestaron a diez activistas que posteriormente fueron liberados sin cargos.
  • Así mismo, también colaboré con la organización Global Anti-Incineration Alliance (GAIA), una red global que trabaja los temas de residuos y cambio climático, para hacer una foto-denuncia delante de la incineradora de Ivry en París, la segunda más grande de toda Europa que, pese a la oposición de grupos locales, ha recibido grandes subvenciones para ampliar sus instalaciones y su capacidad de combustión.
  • Además, también ayudé en la fabricación de pancartas y de grandes cubos inflables en el Jardin d’Alice, una comunidad de vivienda que había cedido parte de su espacio para transformarlo en el centro neurálgico de producción artística del movimiento por la justicia climática, donde se generaron, de forma frenética, prácticamente la totalidad de mensajes visuales que se utilizarían en las protestas de esas semanas.
  • También, durante el 7 y el 11 de diciembre, tuvo lugar en 104, un centro cultural al nordeste de la ciudad, la Zona de Acción Climática: un punto de encuentro donde tuvieron lugar decenas de talleres, charlas, proyecciones, debates y plenarios sobre cambio climático. De hecho, aquí presenté Stories from the Anthropocene, un proyecto que trabaja con las narraciones de cuentos tradicionales de diferentes regiones del mundo y pretende revisitarlas y adaptarlas al actual contexto de cambio climático.
  • En el 104, también participé en una sesión de preparación para la desobediencia civil, de cara a la segunda gran acción colectiva de esas dos semanas: la acción del #D12.
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Haciendo pancartas en el Jardin D’Alice

Marcando fuerte las líneas rojas

El 12 de diciembre, desobedeciendo una vez más la prohibición de las protestas del gobierno francés, más de 10.000 personas ocuparon durante una hora l’Avenue de la Grande Armée y después marcharon hacia la Torre Eiffel. El concepto principal de esta acción era el de las líneas rojas: todas las personas iban vestidas con algo rojo y transportaban inmensas pancartas rojas, algunas de más de 100 metros. El resultado era que la calle había sido tomada por una gran línea roja simbólica que representaba las mínimas necesidades que se debían cumplir para garantizar un futuro justo y habitable (por ejemplo una urgente transición energética, o justicia para las comunidades más impactadas). También hubo dos minutos de silencio en memoria de las víctimas del cambio climático y de las guerras. Dentro de la acción de las líneas rojas, yo me uní al Climate Change Sound Swarm, una fantástica intervención acústica que traía a la gran protesta roja la voz de los que no tienen voz pero están también presentes en esta historia: el sonido de glaciares derritiéndose, de pájaros en peligro de extinción, de animales enfurecidos, así como el sonido de un reloj, indicando el escaso margen temporal que nos queda para la toma de acciones políticas contundentes. Además, aquel día se convocó una ola de acciones directas no violentas que tendrá lugar durante Mayo de 2016 contra la industria de los combustibles fósiles, en Australia, Brasil, Canadá, Alemania, Indonesia, Nigeria, Filipinas, Sudáfrica, Estado español, Turquía y los EEUU. La noche del 12D celebramos la fuerza del emergente movimiento por la justicia climática en La Générale -otro centro cultural muy interesante de París que había albergado diversos eventos vinculados con el movimiento por la justicia climática durante aquellas semanas-, con fanfarrias reivindicativas, mujeres indígenas raperas y bailes comunales.
El acuerdo oficial: a estas alturas parece mentira, y exaspera, que pueda llegar a ser tan vacío
El 12 de diciembre también acabó con la adopción del Acuerdo de París sobre el Clima, que ha sido considerado por muchos gobiernos y medios de comunicación de masas como un momento histórico y un punto de inflexión en la lucha global contra el cambio climático. Sin embargo, como afirman muchas voces científicas y de la sociedad civil, representa un desastre épico a escala planetaria. Es, prácticamente, una sentencia de muerte para el planeta y para las sociedades que en él habitan, especialmente las más vulnerables. Incluso James Hansen, ex-director de la NASA y ‘padre’ de la conciencia por el cambio climático, considera que las negociaciones de París han sido un fraude.

Es descatable del acuerdo que ponga sobre la mesa la necesidad de descarbonizar las sociedades (aunque solo en la segunda mitad del s.XXI), que los objetivos sean ambiciosos, y que se mencione que se debe intentar parar el incremento de las temperaturas por debajo del umbral de +2ºC, y, a poder ser, por debajo de +1,5ºC; esta había sido una lucha histórica de 44 países miembros de la Alianza de las pequeñas islas-estado (AOSIS, en inglés), para las cuales aceptar un umbral superior a +1,5ºC representa un genocidio.
No obstante, el problema más grande del acuerdo es que no especifica qué se hará para no superar este umbral. Como afirma Oscar Reyes, del Institute for Policy Studies, para empezar, el acuerdo no entrará en vigor hasta el 2020, cuando las posibilidades de no superar el incremento de 1,5ºC ya habrán desaparecido.
Además, no hay objetivos vinculantes de reducción de emisiones. Básicamente, los países son libres de prometer lo que quieran, pero no hay sanciones si las promesas no se cumplen.
En materia de justicia climática, el acuerdo también se muestra muy flojo: no hay nuevos mecanismos de financiación climática para los países más pobres y vulnerables, cuando se debería concebir como una deuda histórica de los países más ricos, por tener más responsabilidad en la creación del problema. Tampoco se tiene en cuenta la necesidad de hacer reparaciones históricas por los daños que los países más ricos ya han causado a los más vulnerables; en el texto tampoco se reconocen los derechos de los pueblos indígenas.
Además, sorprendentemente, en el texto no se mencionan los combustibles fósiles (ni, por tanto, la necesidad de dejar enterradas gran parte de las reservas de petróleo, gas y carbón).
Ni tampoco se menciona el sistema agroindustrial, responsable de entre el 47-52% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Las emisiones de los vuelos y barcos internacionales siguen sin contabilizarse, y eso que tienen un impacto superior a las emisiones de Alemania o Corea del Sur.
El comercio de emisiones continúa siendo el instrumento principal que se prevé para la reducción de emisiones, cuando ha sido repetidamente demostrada su ineficacia en la lucha contra el cambio climático.

En realidad, el acuerdo del clima de París es papel mojado. Es, como mucho, un conjunto de buenas intenciones que están desvinculadas de acciones eficaces para reducir emisiones y que tampoco incorpora criterios de justicia social. En el mejor de los escenarios actuales de reducción de emisiones por parte de los diferentes países, todavía nos dirigimos a toda velocidad hacia un mundo de +3ºC para finales de este siglo. Esto nos llevaría a un territorio desconocido y extremadamente peligroso, con inundaciones frecuentes en las ciudades costeras por el aumento del nivel del mar, con graves impactos ecológicos en todos los ecosistemas del planeta y reacciones en cadena (lo que se llama ‘el punto de no retorno’ en los sistemas climáticos), que podrían alterar de forma profunda e irreversible nuestra capacidad de vivir en grandes partes del planeta, llevando a las sociedades hacia colapsos civilizatorios.

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Qué deberíamos hacer

A fecha de diciembre de 2015, ya vivimos en un mundo que es +1ºC más cálido y húmedo que el mundo en el que vivíamos antes de la industrialización.

Hacer frente al cambio climático implica cuestionar profundamente los patrones dominantes de organización y pensamiento social que nos han traído a la dantesca situación de desestabilización de los sistemas climáticos y ecológicos del planeta que estamos viviendo: las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas.
Implica cambiar las estructuras actuales del sistema productivo, de plantar cara al extractivismo y dejar, por lo menos, el 80% de los combustibles fósiles enterrados bajo el suelo.
Implica acabar con las industrias más contaminantes, incluyendo la agricultura y la ganadería industrial.
Implica cambiar las dietas híper-carnívoras de las sociedades opulentas.
Implica, también, cambiar el sistema de movilidad de ciudades, regiones y países.
Se trata de caminar hacia el Residuo Cero.
Se trata de darle derechos al resto de la naturaleza (incluidos los animales no humanos).
Se trata, entre otras cosas, de decrecer: producir menos, consumir menos y reinventar lo que significa tener una buena vida para todas en un planeta finito y perturbado.

El éxito de París no ha sido, ni de lejos, el acuerdo del clima. Ha sido la reafirmación y el crecimiento de un movimiento global, diverso, creativo y radical sobre cambio climático y que afirma, superando los infértiles dualismos entre naturaleza y cultura: No defendemos la naturaleza. Somos la natura defendiéndose a sí misma.

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Traducción del Comunicado de prensa de Coalition Climat21: Estado de emergencia climática: una cadena humana por un Clima de paz!

TRADUCCIÓN AL CASTELLANO DEL COMUNICADO DE PRENSA PUBLICADO POR LA COALICION CLIMAT21, SOBRE EL ESTADO DE EMERGENCIA CLIMÁTICA Y LA CADENA HUMANA CONVOCADA EN PARIS PARA EL DOMINGO 29 DE DICIEMBRE

Convocatoria: Domingo 29 de noviembre, sobre la acera del boulevard Voltaire, entre la plaza de la République y Nation, a las 12 h.

“El mundo que defendemos es el de la paz, la justicia, la lucha contra las desigualdades y contra el cambio climático”

Tras los odiosos atentados del 13 de noviembre, las autoridades han declarado el estado de emergencia y han prohibido la Marcha por el clima que estaba prevista,  silenciando las voces de las sociedades directamente afectadas por el cambio climático. Paradójicamente, los mercados de Navidad y los encuentros deportivos serán permitidos.

La realidad es que nos encontramos en un estado de emergencia climática. Más que nunca, la sociedad civil, unida y solidaria, tiene el deber de hacer que se escuchen las exigencias ciudadanas durante la COP21. Es por lo que nos mobilizaremos este domingo 29 de noviembre en París y en el resto de ciudades de Francia. Al mismo tiempo, centenares de miles de personas marcharán de Durban a Sao Paulo, pasando por Nueva Deli y Londres.

Por la justicia climática, por la paz que traerá consigo y en homenaje a las víctimas de los atentados, haremos en París una cadena humana por las aceras, desde la plaza de la République hasta Nation, pasando por el Boulevard Voltaire, por el Bataclan y por la calle Charonne.

A todos los que quieren impedir que nos expresemos, nosotras respondemos: unidas y solidarias, queremos vivir juntas en una Tierra justa y habitable.

 El Domingo 29 de noviembre, de 12 a 13h, cojamonos de las manos por un Clima de paz!

Numerosas movilizaciones alternativas están previstas el 29 de noviembre en París:

– Una herramienta inédita, march4me.org, permitirá a todas aquellas personas que no pueden manifestarse ese día, que sean representadas por todas las que marcharán en América, África, Asia y Europa.

– Una acción simbólica en la plaza de la République: miles de zapatos cubrirán la plaza, simbolizando los pasos de las personas que deberían participar en la Marcha por el clima de París.

– Se propondrá un símbolo común para expresar el compromiso por el clima.

La coalición Clima 21 nació en 2014 gracias a la iniciativa de la Red de Acción Climática, el centro de investigación e información por el desarrollo y Attac.

Los motivos: el fracaso de la conferencia de Copenhague en 2009, al igual que el patinazo de las negociaciones en la conferencia de Varsovia en 2013, que llevó a la sociedad civil a aporrear la puerta de la COP.

Hoy, la coalición clima 21 engloba más de 130 organizaciones de la sociedad civil. Todas juntas, afirman que las negociaciones que se llevarán a cabo en el marco de la COP21, si bien necesarias, no serán suficientes para salvar el clima, como se nos ha demostrado durante los últimos 20 años.  Debemos aprovechar la influencia política y mediática de esta cumbre para organizarnos y movilizarnos masivamente y de forma duradera por la justicia climática.

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Arte en acción: espacio Annexe

 

Esta mañana Anthropocene Radio ha ido a visitar l’Annexe, uno de los espacios habilitados por activistas y artistas para preparar actividades relacionadas con la justicia climática alrededor de la COP21. Hemos hablado con María, integrante del proyecto Eroles que nos cuenta por qué se ha involucrado en la ola de activismo parisino, qué se cuece en l’Annexe y qué convocatorias están por llegar.

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Activists promise largest climate civil disobedience ever at Paris summit

Thousands expected to take part in ‘red line’ blockades of Paris climate summit, after two weeks of colourful protests that have been dubbed ‘the Climate Games’

To read this article in French, click here.

By , The Guardian. 8 October 2015. Retrieved from here
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Thousands of climate change campaigners have promised to blockade a major UN climate summit in Paris with what they say will be non-violent direct action on a scale Europe has not seen before.

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World’s oceans facing biggest coral die-off in history, scientists warn

A third global bleaching of coral reefs is underway following a massive and persistent underwater heatwave
By , The Guardian.

Scientists have confirmed the third-ever global bleaching of coral reefs is under way and warned it could see the biggest coral die-off in history.

Since 2014, a massive underwater heatwave, driven by climate change, has caused corals to lose their brilliance and die in every ocean. By the end of this year 38% of the world’s reefs will have been affected. About 5% will have died forever.

But with a very strong El Niño driving record global temperatures and a huge patch of hot water, known as “the Blob”, hanging obstinately in the north-western Pacific, things look far worse again for 2016.

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Toma la Tierra (Sep15): Ende Gelande 2015, Réquiem por el Hielo Ártico, Salvemos La Pedriza, No a la Tala en Málaga, extingamos la tauromaquia, las edades de los OMG…

Septiembre de 2015. Programa 47 de Radio Toma la Tierra. Como cada mes, os acercamos contrainformación de actualidad y de análisis en defensa de la Tierra.
ENDE GELANDE 2015: Contamos con una crónica de la mayor acción directa hecha hasta el momento en contra de la mayor fuente de emisiones de CO2 en Europa: una explotación a cielo abierto de carbón en Alemania. Esta acción tuvo lugar en el marco de la Acampada Climática bautizada como Ende Gelände (Ya Basta!)  que se organizó allí entre el 14 y el 16 de Agosto.

UN RAYO DE SOL: En nuestra sección un rayo de sol, os traemos, como siempre las noticias ecológicas positivas del verano.

Holly-bag-pipesRÉQUIEM POR EL HIELO ÁRTICO: Os presentamos también la campaña internacional musical Requiem por el Hielo del Ártico, en la que músicos profesionales de todo el mundo se están tocando diariamente ante las puertas de las oficinas de la petrolera de Shell en protesta por sys planes de perforación del Ártico en busca del contaminante combustible fósil.

 

SOS pedriza

LOS JUEGOS DEL CLIMA: En diciembre tendrá lugar en París la Cumbre Climática de Naciones Unidas. Según se acerca la fecha, avanzan las preparaciones de los Juegos del Clima, el mayor juego de aventura y acciones de desobediencia civil de la biosfera y del ciberespacio. Os recordamos, como cada mes, esta convocatoria y os invitamos a participar con nosotras.

EN DEFENSA DE LA PEDRIZA: Este sábado 5 de septiembre la plataforma SOS Pedriza llama a una manifestación en defensa de la Pedriza en el sitio de este parque Natural llamado el Tranco. Juntos podemos denunciar la situación que pone en peligro este paraje natural de la Comunidad de Madrid.

11760199_10205216981050297_6339077551323103806_nLOS FICUS Y EL METRO DE MÁLAGA: Una compañera de la asociación malagueña la Casa Comestible nos cuenta el peligro inminente que corren los ficus centenarios de la Alameda de Málaga por la tunelación que está llevando a cabo las obras derrochadoras e inútiles del metro.

REFLEXIONES DE UNA LIBÉLULA: Vuelve una de nuestras secciones favoritas: reflexiones de una libélula. Este mes, hablamos sobre las mal llamadas ‘fiestas’ en donde se maltratan y asesinan toros. Nos alegramos de que estén de capa caída en multitud de municipios. Es una cuestión de tiempo y perseverancia conseguir que se extingan de una vez por todas.

LAS EDADES DE OMG: Y Os invitamos a escuchar la Versión Original satirizada más erótica. En los campos de Aragón hemos conseguido el testimonio de un Organismo genéticamente modificado desde su liberación en forma de semilla hasta su madurez. Escucharemos la voz de los transgénicos y sus detractores. La canción Agrotóxico de MERO cierra esta sección.

Comenzamos el programa, no sin antes recordaros que podéis escribirnos a info@tomalatierra.org con contenidos, noticias, convocatorias y propuestas, y que tenéis todos los programas en tomalatierra.org

No a la tortura

 

TOMA LA TIERRA

Coordinación, difusión y contrainformaciónsobre las luchas en defensa de la Tierra

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