Manifiesto

 

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Somos las hijas del Antropoceno. Habitamos el mundo en esta nueva extra-ordinaria época histórica caracterizada por los terribles impactos causados por los seres humanos sobre el sistema Tierra y sobre todos los habitantes humanos y no-humanos que en él habitan. La escala y la severidad de la disrupción humana sobre el planeta es de tal magnitud que lo están llevando a experimentar cambios dramáticos en todos los sistemas interdependientes que complejamente lo conforman – la atmósfera, la hidrosfera, la criosfera y hasta la litosfera – hasta llevarlo hacia una nueva era geológica – el Antropoceno– que se avecina permanentemente hostil, inestable e impredecible.

El Antropoceno es un producto de las sociedades opulentas. Sería tremendamente injusto responsabilizar a todas las personas y sociedades humanas del planeta por igual ante la dantesca situación desencadenada. Intoxicadas por la arrogancia del tecno-industrialismo, la adicción al petróleo y por las promesas de bienestar material de un perverso desarrollismo ciego a los límites biofísicos del planeta, así como a los subproductos tóxicos y al sufrimiento que genera, la clase opulenta de consumidores del planeta lo estamos llevando trágica y criminalmente hacia el precipicio.

El Antropoceno, además, se caracteriza también por la severa extinción en masa que ya está en curso, la Sexta Gran Extinción, e identifica sus causas. Por primera vez en la historia del planeta Tierra, las actividades humanas han desencadenado una extinción que afecta a la totalidad de la trama de la vida y a sus redes de relaciones fundadas sobre la interconexión y la interdependencia. Para ponerlo en perspectiva, la Quinta Gran Extinción sucedió hace 65 millones de años y vio desaparecer ¾ partes de las plantas y animales que habitaban el planeta, incluidos los dinosaurios.

Somos conscientes de que estamos entrando en una época inédita con tremendas consecuencias. Es una época en donde los productos tóxicos del desarrollo tecnoindustrial y los impactos del cambio climático ocurren en todas partes, pero de forma desigual, reforzando las estructuras de desigualdad y generando otras nuevas. Las hijas del Antropoceno nos solidarizamos con las comunidades humanas y no humanas que, aún no habiendo desencadenado esta gran crisis climática están en primera línea recibiendo ya sus impactos. Es una época en la que no ha habido adaptación biológica ni aprendizaje o transmisión cultural para prepararnos para el tipo de amenazas y cambios socioambientales que se avecinan.

El cambio climático ya está sucediendo y es, sin lugar a dudas, la problemática socio-ecológica más importante de nuestra época. Sus gravísimas implicaciones para la continuidad de la vida en el planeta nos imponen la responsabilidad moral de pasar urgentemente a la acción. Hay que reducir radicalmente las emisiones de gases de efecto invernadero para no sobrepasar los puntos de no-retorno en los sistemas climáticos del planeta y evitar así un cambio climático peligroso. No podemos perder más tiempo. No obstante, es importante no dejarse seducir por los cantos de sirena del tecnooptimismo industrial que intentará vender peligrosos parches verdes para que todo siga igual. Las actuaciones que verdaderamente se necesitan a escala global para no llegar al temible mundo de +4 grados – o al infierno de +6 – hacia el que nos dirigimos a toda velocidad deben ser sistémicas y enfocarse en las raíces del problema.

Se trata de cuestionar profundamente los patrones dominantes de organización y pensamiento social que nos han traído a esta situación: las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas. Se trata de cambiar las estructuras actuales del sistema productivo, de plantarle cara al extractivismo y dejar, por lo menos, el 80% de los combustibles fósiles enterrados en el subsuelo. Se trata de acabar con las industrias más contaminantes, incluyendo la agricultura y la ganadería industrial. Se trata de cambiar el sistema de movilidad de ciudades, regiones, países. Se trata de ir hacia el residuo cero. Se trata de darle derechos a la biosfera. Se trata, entre otras muchas cosas, de decrecer: producir menos, consumir menos y reinventar lo que significa tener una buena vida para todas en un planeta finito y perturbado.

El cambio climático nos ofrece una oportunidad para re-configurar radical, profunda y creativamente las sociedades modernas. Apela a la urgente necesidad de poner la naturaleza y la ética del cuidado en el centro de la organización social y de aprender a respetar los ritmos de bio-regeneración de los ecosistemas y los bienes comunales ecológicos (aire, agua, suelo y semillas), incorporando criterios de equidad inter- e intra- generacionales y también inter-especie.

Las hijas del Antropoceno abrazamos la idea de que somos también naturaleza y, como tal, debemos defendernos y luchar contra las múltiples y poderosas fuerzas sociales que asumen de forma arrogante que los seres humanos existimos para explotar y dominar sin escrúpulos al resto de la naturaleza, que pretenden que todo se mantenga igual y que están acabando con todas nosotras y con nuestro futuro.

Es una cuestión de supervivencia, justicia y responsabilidad.